Mansedumbre

Mansedumbre

“Mansedumbre”
(Efesios 4:1-6 / Gal 5:22-23 / Mateo 5:5)
Fil 2:3-11
La palabra mansedumbre se encuentra dentro del fruto del Espiritu del que habla el Señor en el libro de Galatas 5:22-23
Jesús se refiere directamente a que serán “bienaventurados” los mansos.
El ser manso, el tener y practicar la mansedumbre es de mucha utilidad y hasta llega a causar una paz en nuestros corazones.
Mansedumbre significa: suavidad que se muestra en el carácter o se manifiesta en el trato.
De hecho el ser manso era considerado como una virtud en el carácter de las personas en las civilizaciones antiguas, hasta hace poco a partir del Siglo 20, la cultura del occidente no reconocen dicha virtud ya que hoy en día es considerada como una debilidad.
          Hoy en día es más probable que la persona le devuelva el trompón al otro a que le ponga la mejilla.
          Hoy en día es mas la posibilidad de que alguien le grite devuelta a que se muerda la lengua.
          Hoy en día el ceder el paso cuando va manejando, el dar el asiento en el bus a otra persona, no es muy común ver a personas dar el asiento a una mujer embarazada, o a algún anciano, etc.
En los días que vivimos el ser manso se considera cobardía, indecisión, timidez y también inhabilidad de dar amor cuando es necesario (por ejemplo: los padres que no pueden disciplinar a sus hijos por falta de carácter).
El diccionario Webster define mansedumbre como: ser suave, sumiso, con temple y que no es fácil de provocar a la ira.
La mansedumbre bíblica no tiene nada que ver con debilidad o pasividad. La mansedumbre mencionada en la Biblia es sinónimo de fuerza controlada la cual viene definida por la aceptación de cualquier cosa que se nos presente en la vida.
Un buen ejemplo de mansedumbre son los elefantes de los circos; esos granes animales fuertes (pesan 7,500 kilos) no han perdido para nada sus fuerzas, pero si han aprendido a controlar los instintos destructivos. El instructor se los ha enseñado y ellos lo han aprendido.
La mansedumbre nos ayuda a aceptar el dolor y el sufrimiento que experimentamos en las relaciones con las personas, a través de la mansedumbre, podemos sufrir sin renegar, sin protestar hacia el método que el Señor está llevando a cabo con nosotros.
Para tener mansedumbre necesita volver a nacer. Nacer del agua y del espíritu (Juan 3)
Al recibir el espíritu santo del Señor, la recibimos. Y de aquí en adelante ya no mas respuestas groseras, ya no mas devolverle el trompón o la patada a alguien, al contrario nos la tenemos que aguantar, dominar esa emoción de contestarle al otro.
Una persona le puede gritar, insultar y hablar mal de usted todo lo que quiera, pero si usted es manso, sabrá cómo lograr que esas ofensas no afecten su corazón. Las acciones de otra persona no pueden controlarnos si tenemos, en nuestra vida, el fruto de la mansedumbre.
Mansedumbre significa tener una disposición de espíritu calmada y equilibrada.
          Es usar la autoridad y el poder sin abusar de ellos;
          Es estar bajo críticas y ataques sin dejar que nos depriman o nos hagan dudar de nuestra identidad;
          Es tener las pasiones y las emociones bajo control.
        Es la correcta disposición de espíritu que nos lleva a aceptar los tratos de Dios con gozo y mansedumbre, sin discutir acerca de ellos ni resistirlos. 

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Nuestro modelo ideal, la imagen que debemos reflejar en nuestro carácter es Jesus; por lo tanto, cada día que pasa, el Espíritu Santo nos lleva a vernos y a compararnos con esa imagen, y trata con áreas de nuestra vida que deben morir para que Jesús pueda vivir a través de nosotros. Estos tratos de Dios nos van “matando” poco a poco ese viejo hombre, el cual está viciado, feo, lleno de mucha contaminación.
Un buey es un animal con una gran capacidad de mover muchas libras, de halar  muchos quintales de maíz o de frijol en una carreta, pero a la vez es un animal muy tranquilo, a pesar de que el amo le golpee con un chilio o un palo el buey teniendo más fuerza, siendo más grande, no le responde con golpes a su amo.
Los que son mansos han aprendido a controlar sus temperamentos, no ofenden verbalmente y a la vez han aprendido a  perdonar y a olvidar las ofensas recibidas.
“Es que para que la mansedumbre esté manifestada en su vida, es necesario que usted perdone a las demás personas”. No puede andar por la vida con ese cáncer que se llama: rencor y odio, usted necesita perdonar a los demás.
Pedro le pregunto al Señor si debía de perdonar y Jesús le contesto: que debemos de perdonar 70 veces 7. Oye Pedro es una práctica continua. (Mateo 18:21-22)
Las personas que practican la mansedumbre son controlados, enseñados, humildes, no egoístas, sumisos a la autoridad y no hacen demandas por cualquier cosa. Aun más, ellos demuestran una apariencia calmada, pero en su interior ellos son fuertes y persistentes, aguantan y soportan todo.
Sea  cual sea la prueba que se les ponga enfrente ellos la saben enfrentar y salen airosos de ella. (Rom 8:28 y sabemos que los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien
Joel 3:10 el débil diga fuerte soy
2 Cor 12: 9- 10 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
Las personas con mansedumbre no son débiles sino que fuertes. Dominan sus emociones y tienen claro que el Señor no les ha dado un espíritu de cobardía sino de poder, de amor y de dominio propio. (2 Tim 1:7)
Haciendo la comparación, los que no tienen mansedumbre son personas gritonas, no se les puede decir nada, no son obedientes y son rudos. Quieren que todo se haga a su manera, no les gusta hacer cumplidos a nadie y están en contra de todos aquellos que se oponen a ellos en la vida.
Números 12:3 y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que habían en la tierra.
Durante su vida, Moisés fue la persona más mansa que hubo sobre la tierra. Algunos pensarían que eso lo descalifica para ser el gran líder de Israelitas que llego a ser para liberarlos de la esclavitud de Egipto. La verdad de las cosas es que el Señor escogió a Moisés para dicha labor porque él era manso. Sin duda, que esta mansedumbre en Moisés le ayudo a no abusar de su poder y autoridad, lo mantuvo alejado de pedirle a Dios que destruyera a los israelitas cada vez que ellos lo trataban a él mal.
Estamos convencidos de que Moisés no era ni tímido ni pasivo, una persona así nunca hubiera tenido el valor de ponerse delante de Dios y pedirle que no destruyera al pueblo cuando estos alabaron a un becerro de oro.
Dios aun sigue buscando a hombres  para ponerlos en posición de liderazgo.
El mejor ejemplo de mansedumbre es Jesucristo, quien no se aferro al hecho que él era el mismo Dios manifestado en carne, hacerse sin reputación, tomo la apariencia de siervo y se convirtió en obediente hasta llegar a la muerte. En cualquier momento en su pasión, él puedo haber llamado a doce legiones de ángeles para que lo rescataran (Mat. 26:53). Aun así, él nunca protesto por inocencia, escogiendo la muerte para así salvarnos de nuestros pecados.

Mansedumbre está dentro del fruto del espíritu y el Señor lo producirá en nuestro corazón si nosotros se lo permitimos. Y para que eso suceda nosotros debemos humillarnos a nosotros mismos en la presencia de Dios, poner a un lado nuestros propios deseos y gustos y aceptar el hecho de que Dios usa circunstancias para perfeccionarnos.


#Bendiciones
Francis Lee
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